Dr. Graciela Pacagnini


Graciela Pacagnini nació en la Ciudad de Buenos Aires el 16 de marzo de 1958.
El trabajo de su padre (ingeniero agrónomo) la llevó a vivir en diferentes lugares desde su niñez: Chaco, Lincoln (Nebraska), Rafaela, Salta, Venado Tuerto; desde 1986 reside en San José, California, donde se casó con Mario Blaum.
Completó la carrera de Computación en la Facultad de Ciencias Exactas pero su pasión por la fotografía y un curso realizado en 1982 en el Centro Cultural San Martín, volvieron inseparables a Graciela y su cámara. Otros cursos en la Universidad del Estado de San José, (blanco y negro, revelado, composición) tampoco alteraron su visión básica de la fotografía: las formas geométricas, el sentido de la perspectiva y el gusto por el paisaje urbano.
Es una fotógrafa intuitiva: no efectúa mediciones de luz, ve la foto y la saca. La cámara es la prolongación del ojo y del cerebro y no aceptará retoques o modificaciones digitales de sus fotos porque desarrolló su talento cuando el revelado era muy caro y así se acostumbró a que cada foto vale intrínsecamente. En distintos años, ganó un segundo premio, tres cuartos premios y dos menciones especiales en el concurso anual de fotografía de la Feria del Condado de Santa Clara.
Además de enviarnos las fotos, redactó el texto que las acompaña.

 

 

En 1908, un operario del ferrocarril, descubrió una piedra a 15 km de Lüderitz. Su superior, Augustus Stauch la hizo examinar y al confirmar que era un diamante, compró un área de 75 km2 y fundó una compañía minera. En dos años, se erigió una ciudad completa para que en ella vivieran los mineros y sus supervisores con un casino, una escuela, un hospital y edificios residenciales.
Antes de comenzar la primera guerra mundial (1914-1918), se extrajo una tonelada de diamantes y en 1915, las fuerzas armadas de la Unión Sudafricana derrotaron a los colonos alemanes que fueron echados; además ya no se encontraban diamantes fácilmente y era muy caro y difícil proveer agua a la ciudad.
Luego de la guerra, el diamante más grande fue descubierto cerca de Oranjemund en el sur de Namibia y Kolmanskop se convirtió en una ciudad fantasma porque fue abandonada e invadida gradualmente por la arena del desierto.
Hay cerca de cuarenta casas de excelente construcción, que han sido vandalizadas, pero se mantienen en pie: por fuera no lucen particularmente interesantes, pero la historia cambia cuando se entra en ellas. Muchas han perdido el techo total o parcialmente, algunas perdieron las puertas o las ventanas y en consecuencia la arena entra y sale dependiendo del viento y esto cambia continuamente la fisonomía del lugar.
El paisaje es totalmente surrealista; algunas casas están cubiertas hasta el techo por arena y esto hace posible caminar directamente sobre el techo. Es un lugar al que uno puede volver en distintas épocas del año, a distintas horas del día y con seguridad conseguirá fotos diferentes cada vez.
Esta ciudad está protegida por el gobierno y aunque todavía se siguen buscando diamantes, se convirtió en un lugar turístico. Kolmanskop produce una sensación muy extraña, pues una ciudad que fue construida rápidamente y poblada por gente que tenía sueños para el futuro, se ha convertido en una ciudad vacía que será borrada de los mapas cuando la arena termine de cubrirla.
Para ir a Kolmanskop se necesita un permiso especial y se debe ir acompañado por un guía; no se permite tocar nada ni llevarse siquiera una piedra sin valor.
Como tuve la suerte de haber ido fuera de temporada, la guía, mi marido y yo éramos los únicos en el lugar; allí pasamos más de tres horas y le quedamos muy agradecidos pues no dejamos rincón sin revisar; ella fue muy paciente y en ningún momento nos apuró, pero terminó confesándonos que en esa oportunidad ella también conoció casas a las que nunca había entrado. Yo hubiera deseado fotografiar a distintas horas y con diferentes condiciones de luz (así lo han hecho muchos fotógrafos famosos), pero no puedo quejarme: durante esas tres horas no dejé de gatillar mi fiel cámara de 35 mm. sobre una ciudad fantasma, habitada solamente por la arena del desierto.

                                                                                   Graciela Pacagnini Blaum