Aquiles
Pirovano - Alexis Carrel, una amistad más allá del
Nobel
por el Dr. Miguel Angel Lucas
Hacia
1905, Alexis Carrel
(1873 -1944), el notable y talentoso cirujano francés,
partió para alejarse de la guerra vivida en el ejército de su
Francia amada, rumbo a los Estados Unidos. Esa Primera Guerra
Mundial, había prácticamente bloqueado sus investigaciones en
la cirugía cardiovascular, sin dudar aceptó el ofrecimiento del
Rockefeller Institute for Medical Research de Nueva York, allí
continuó con sus trabajos sobre "cirugía de las arterias y
las venas", sus suturas con crin de caballo, sus trasplantes
de órganos en animales, en particular de riñón en perros, con
logros que trascendían a los ambientes científicos.
Descubrió
por accidente y con sagaz razonamiento, la endotelización de una
sutura transauricular cardíaca, dejada por accidente iatrogénico.
Etapa previa a la heparina (1941), que significó un antes y un
después de esta cirugía.
Trabajaba con velocidad,
método, tenacidad y materializando las utopías que su mente superdotada
elaboraba. Sabido es que fue premiado con el Nobel de Fisiología
y Medicina en 1912, por el desarrollo desde 1902 de su técnica
de sutura de los vasos sanguíneos.
Entre otros amigos que
lo admiraban, estaba Charles
Lindbergh, el insigne aviador, juntos, en los albores
de la década del 30 inventaron un corazón mecánico para transmitir
fluidos vitales a órganos extirpados, que mantenía vivos sus tejidos.
Carrel, agnóstico extremo,
se había convertido al catolicismo en un viaje que, por su voluntad
había realizado como médico de peregrinos, al santuario de Lourdes.
El descubrimiento de hechos trascendentes en pacientes graves,
le había cambiado la vida espiritual, nació en él una Fe inmensa,
testimoniada en su libro "Un viaje a Lourdes".
Aquiles
Pirovano
era un muy buen cirujano argentino, hombre de fortuna, de familia
acomodada. Su berretín era la cirugía, dedicaba a ella muchas
horas de su vida. Sus posibilidades económicas le permitieron
desplazarse a Estados Unidos y allí vio trabajar a Carrel, con
quien inició una amistad tejida para siempre.
De regreso a la Argentina,
hacia 1917 realizó en el Hospital Pirovano, el reemplazo de un
aneurisma de la arteria ilíaca derecha, con un segmento de arteria
homóloga de cadáver, con viabilidad funcional del injerto, empleando
las técnicas de sutura aprendidas de Alexis, pero el paciente
murió varios días después por infección y sepsis.
Aquiles
había llevado a la práctica en el ser humano, las ideas experimentales
de Alexis, esto selló por siempre una alianza fraterna. Podemos
deducir que el encantamiento que Argentina con sus paisajes y
su gente produjo en Carrel se debió a la hospitalidad de su amigo
criollo. Alexis Carrel se casó con una mujer argentina, su lugar
preferido era el rinconcito de La Cumbrecita en Córdoba, donde
hoy reposan los restos de su amada.
El
Padre de la cirugía experimental, volvió a Francia en 1939, para
enredarse con las brumas y el espanto de la Segunda Guerra Mundial,
trabajó para el cuestionado gobierno de Vichy, por entonces escribió
"La incógnita del hombre" (1935).
Ningún
oropel, aún el Nobel, puede alterar el afecto entre los seres
que se admiran y respetan, así quedó grabado.
VOLVER
A HISTORIAS DE LA CCV