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INAUGURACIÓN DEL AULA "ALFONSO ALBANESE" 
Discurso
pronunciado por su discípulo, el Dr. Adolfo Saadia.
Con
gran placer tengo el honor de homenajear al Maestro. En un homenaje
que sé, es el mejor que le podríamos ofrecer:
La
inauguración de un aula para enseñar, pues la docencia ha sido para
él una de sus grandes pasiones.
Es en la docencia donde lo conocí por primera vez a fines de
la década del 1940 en la cátedra de anatomía de la facultad de Medicina
de la Universidad de Bs. As.
Sus clases fueron
un modelo para enseñar y en ese modelo nos apoyamos desde entonces
con la magnitud que posee el concepto de docencia.
La palabra pausada, apasionada, clara, el gesto, el "saber decir"
según su expresión y el papel o el pizarrón con lápices o tizas
de colores que siempre terminaban adornando las palabras.
Cuando menciono la palabra"Maestro" que siempre escribo con mayúscula
es para circunscribir en una palabra el significado que tiene para
nosotros como síntesis el conocimiento que él siempre ofrece con
la generosidad del Maestro, pero fundamentalmente por el valor que
guarda la persona que, en su vida brinda lo mas valioso que un ser
humano puede ofrecer; que es su conducta, creatividad, y básicamente
la generosidad al brindar todo su saber con una pasión que siempre
trasuntó en cada una de sus palabras.
Maestro con pasiones muy definidas todas enhebradas en su sólida
personalidad la cirugía, la medicina, el deporte, pero desarrollando
primordialmente todo aquello que podía ser progreso, lo nuevo.
Así comienzan, con lo nuevo, sus intervenciones quirúrgicas
de lo que fue con el tiempo una preciosa disciplina, la cirugía
Cardiovascular.
Pionero en nuestro país en la década del 40, donde los cirujanos
latino americanos lo consideran con el tiempo Maestro de Maestros
y así fue para varias generaciones que hoy lo recuerdan como el
gran continuador de la tradicional medicina Argentina, brillante
y generosa del siglo pasado.
Es extraño hablar del siglo pasado pero para nosotros es una realidad,
sin poder dejar de mencionar cuantos de estos valores se han perdido
a cambio de otra medicina que desconoce lo humanístico de su esencia.
Este año en el homenaje que le hicimos en este CACCV, mencioné
anécdotas de nuestra vida de trabajo bajo su dirección, el anecdotario
es riquísimo y podría llenar muchas páginas de papel, pero
quiero sólo destacar, dentro de ese anecdotario, las largas
conversaciones acerca de los errores y los aciertos como de la programación
de todo lo nuevo por realizar.
Era la experiencia volcada en frases concretas y la sabiduría de
quien ha corrido largos caminos en una vida rica, llena de valores
dichos con la sencillez de quien posee un enorme bagaje de conocimientos,
pero básicamente de la bondad del Maestro que tanto le agradeceremos
siempre.
Este aula que lleva
su nombre, hará honor a sus pasiones por la docencia y por la medicina.
Deseamos que en ella se mantenga la continuidad de su ejemplo, para
nuestros colegas y las generaciones futuras quienes serán los que
mantengan vitalmente los corazones, sintiendo siempre que, en los
corazones guardamos espiritualmente nuestro humanismo como médicos.
Y que mejor para sellar este acto que brindemos con un vino por
la ventura y la salud del Maestro.
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