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REVISTA ARGENTINA DE CIRUGÍA
CARDIOVASCULAR
Vol. III - N° 3 / Setiembre - Octubre - Noviembre 2005

ARTÍCULO DE REVISIÓN
INMUNOMODULACIÓN:
UN NUEVO ENFOQUE TERAPÉUTICO PARA EL TRATAMIENTO DE LA ATEROSCLEROSIS
Autores
Ernesto Oviedo Orta*, Alexandra Bermúdez
Fajardo, Ángela Danil de Namor
Recibido: 11.05.2005
Aceptado: 01.06.2005
Correspondencia: Dr. Ernesto Oviedo-Orta
School of Biomedical and Molecular
Sciences
University of Surrey, Guildford
GU2 7XH - United Kingdom
Teléfono: (0)1483 68 64
24 / Fax: (0)1483 68 64 01
E-mail: e.oviedo-orta@surrey.ac.uk
* Lecturer in Immunology, Cardiovascular Biology Research
British Heart Foundation Research Fellow, Cardiovascular Biology
Research
Professor of Chemistry, Division of Chemistry
RESUMEN
La aterosclerosis
es la principal causa subyacente de la enfermedad cardiovascular, los
accidentes cerebrovasculares, los aneurismas y las enfermedades vasculares
periféricas, así como la principal causa de muerte de la
población de edad avanzada en los países desarrollados.
En la actualidad, la elevada mortalidad debido a esta enfermedad sólo
puede ser parcialmente reducida por el uso de tratamientos médicos
y quirúrgicos modernos, los cuales proporcionan una cura parcial
y un alivio temporal de los síntomas relacionados. La aterosclerosis
es una enfermedad inflamatoria crónica con una base multifactorial.
El proceso inflamatorio domina cada unos de los estadios evolutivos de
esta enfermedad desde su comienzo y progresión, hasta la aparición
de complicaciones como la ruptura de las placas ateromatosas. Descubrimientos
recientes han creado un nuevo paradigma que ha revolucionado nuestro entendimiento
de los mecanismos del desarrollo de esta enfermedad. Este nuevo paradigma
hace hincapié en la naturaleza inflamatoria de la aterosclerosis
y en el papel fundamental que juega el sistema inmunológico, tanto
en su desencadenamiento como en la aparición de complicaciones.
Guiados por las evidencias que sustentan este paradigma,
nuevas alternativas se abren para el diseño y utilización
de terapéuticas destinadas a su prevención y desarrollo.
Entre ellos han recibido gran atención las estrategias basadas
en el uso de la manipulación del sistema inmunológico a
través de la inmunomodulación y la vacunación.
(Rev Arg Cir Cardiovasc 2005; 3:159-166)
Palabras clave
Inmunomodulación - Aterosclerosis - Enfermedad cardiovascular
RESUMO
IMUNOMODULAÇÃO: UM NOVO ENFOQUE
TERAPÊUTICO
PARA O TRATAMENTO DA ATEROSCLEROSE
A aterosclerose
é a principal causa subjacente da doença cardiovascular,
os acidentes cérebro-vasculares, os aneurismas e as doenças
vasculares periféricas, sendo também a principal causa de
morte da população de idade avançada nos países
desenvolvidos. Atualmente, a elevada mortalidade devido a esta doença
só pode ser parcialmente reduzida pelo uso de tratamentos médicos
e cirúrgicos modernos, os quais proporcionam uma cura parcial e
alívio temporal dos sintomas relacionados. A aterosclerose é
uma doença inflamatória crônica com uma base multifatorial.
O processo inflamatório domina cada um das fases evolutivas da
doença desde seu começo e progressão até o
surgimento de complicações tais como rompimento das placas
ateromatosas. Descobertas recentes criaram um novo paradigma que revolucionou
nosso entendimiento dos mecanismos do desenvolvimento desta doença.
Este novo paradigma dá ênfase na natureza inflamatória
da aterosclerose e no papel fundamental que cumpre o sistema imunológico,
tanto no seu desencadeamento quanto na aparição de complicações.
Norteados pelas evidências que sustentam este
paradigma, novas alternativas surgem para o desenho e utilização
de terapêuticas destinadas à sua prevenção
e desenvolvimento. Entre elas, tem recebido grande atenção
as estratégias baseadas no uso da manipulação do
sistema imunológico através da imunomodulação
e a vacinação.
(Rev Arg Cir Cardiovasc 2005; 3:159-166)
Palavras-chave
Imunomodulação - aterosclerose - Doença cardiovascular
SUMMARY
INMUNOMODULATION: A NEW THERAPEUTICAL APPROACH
FOR TREATING THE ATHEROSCLEROSIS
Atherosclerosis
is the main underlying cause of cardiovascular disease, stroke, aneurysms,
and peripheral artery disease and it remains the number one killer of
the aging population in the developed world. Unfortunately, this high
rate mortality can only be partially reduced today by current drugs therapy
and surgical intervention procedures that temporarily alleviate some of
the symptoms. Atherosclerosis is a chronic inflammatory disease with a
multifactorial component. Inflammation dominates all stages of the disease
from onset thought progression and, finally, complications derived from
the rupture of atherosclerotic plaques. Recent discoveries have created
a major paradigm shift in our understanding of the mechanisms of atherosclerosis
development. This new paradigm highlights the inflammatory nature of atherosclerosis
and the key role that the immune system plays both in triggering the disease
and in the development of its complications.
Driven by these evidence new therapeutic avenues are
being opened for the prevention and search of treatments to combat the
development of the disease. Among them, immunomodulation and vaccination
strategies are of special interest.
(Rev Arg Cir Cardiovasc 2005; 3:159-166)
Key words
Inmunomodulation - Atherosclerosis - Cardiovascular illness
| |
ABREVIATURAS |
| |
apo |
|
Apolipoproteína |
| |
CETP |
|
Proteína transportadora
de ésteres de colesterol |
| |
HSP |
|
Proteínas de shock
térmico |
| |
LDL |
|
Lipoproteínas de baja densidad |
| |
OMS |
|
Organización Mundial de
la Salud |
| |
ox-LDL |
|
Lipoproteínas de baja densidad
oxidadas |
| |
Th |
|
Células T auxiliadoras |
INTRODUCCIÓN
La enfermedad aterosclerótica
cardiovascular constituye, en la actualidad, la principal causa de muerte
en la población de la tercera edad de los países desarrollados,
y su incidencia ha aumentado vertiginosamente en los países en
desarrollo durante los últimos años.
De acuerdo con informes de la World Heart Federation
(http://www.worldheart.org/),
se estima que se registran 19 millones de muertes anuales a consecuencia
de esta enfermedad, lo que ocasiona a los sistemas nacionales de salud
un costo global anualizado superior a los 500 billones de dólares.
Se calcula, además, que para el año 2020 más de 289
millones de personas morirán debido a las complicaciones agudas
de este padecimiento y que, de acuerdo con informes de la Organización
Mundial de la Salud, el costo médico y humano resultante de este
mal ya está afectando considerablemente el desarrollo económico
y social en muchos países desarrollados y en vías de desarrollo.
Estado actual del conocimiento sobre las investigaciones relacionadas
con el desarrollo y tratamiento de la enfermedad aterosclerótica
cardiovascular
La aterosclerosis es una enfermedad multifactorial.
Se han descrito diversos factores de riesgo, entre los que se encuentran
la hipertensión arterial, la hipercolesterolemia, el hábito
de fumar y el envejecimiento (1-3).
Sin embargo, un número creciente de evidencias sugiere que el daño
significativo que provocan en el individuo estos factores de riesgo no
se limita al proceso aterosclerótico y a sus complicaciones asociadas.
Estudios clínicos rigurosos han demostrado que las manifestaciones
clínicas de la aterosclerosis se deben a la existencia de placas
vulnerables propensas a la ruptura (4-5).
Dichas placas ateroscleróticas presentan mayor propensión
a desencadenar la formación de trombos que ocluyan el lumen arterial,
que a favorecer el crecimiento exagerado de éstos. Por lo tanto,
son los eventos agudos de isquemia los mayores responsables de la gran
incidencia de morbilidad y mortalidad debidas a las complicaciones de
la aterosclerosis (5).
La terapia de revascularización temprana, administrada
junto con un tratamiento antitrombótico y fibrinolítico,
ha conseguido reducir considerablemente la ocurrencia de la enfermedad
coronaria aguda, así como la incidencia de muerte súbita
(6-7). Sin embargo, aun cuando se
crea que la aplicación de este tipo de enfoque supone haber alcanzado
un umbral para el éxito terapéutico, estudios clínicos
recientes, encaminados a investigar la eficacia de nuevos compuestos antitrombóticos
y fibrinolíticos, o de nuevas combinaciones farmacológicas,
sólo han conducido a un incremento mínimo de las expectativas
de lograr una disminución de la ocurrencia real de eventos clínicos
agudos relacionados con la enfermedad. Por lo tanto, existe una necesidad
imperiosa de comprender con profundidad los mecanismos fundamentales del
desarrollo del proceso aterosclerótico y de sus complicaciones,
de manera que se facilite la formulación de nuevos métodos
diagnósticos y herramientas terapéuticas destinados a la
prevención y/o la detención de la progresión de la
enfermedad, favoreciendo a su vez una recuperación funcional exitosa
luego de la ocurrencia de eventos tales como un infarto.
Por otra parte, en los últimos años se
ha demostrado que una terapia agresiva con medicamentos como las estatinas
(statins), dirigida a la disminución de las concentraciones
de lípidos en la sangre, es capaz de reducir de modo sustancial
el desarrollo de la enfermedad cardiovascular y favorece enormemente su
prevención (8-10). De manera
general, estos medicamentos son capaces de disminuir, entre un 20 y un
40% aproximadamente, el riesgo de sufrir episodios agudos, limitando a
su vez la incidencia de complicaciones como la muerte súbita y
los episodios agudos de enfermedad cerebrovascular.
En la última década, numerosos resultados
derivados del avance de las investigaciones en el campo de la biología
vascular indican que son la disfunción endotelial y la inflamación
crónica de la pared vascular los dos factores más importantes
en el desarrollo de las lesiones ateroscleróticas (11-12).
Por lo tanto, resulta lógico encaminar los esfuerzos al desarrollo
y descubrimiento de nuevas terapias orientadas al restablecimiento de
la función endotelial y a la reducción y control de la inflamación.
Los avances en este campo proporcionarían un efecto muy beneficioso
sobre el control de la progresión de la enfermedad y de sus complicaciones
agudas.
Por otra parte, la insuficiencia cardíaca es,
eventualmente, el punto evolutivo final en aquellos pacientes que logran
sobrevivir a los episodios de isquemia aguda (13-14).
Se han realizado avances significativos en el diseño
de estrategias para la prevención y el tratamiento de la vulnerabilidad
e inestabilidad aterosclerótica postinfarto, que han contribuido
sin duda a un incremento paradójico de la incidencia de insuficiencia
cardíaca (13,15). Los pacientes
que han sufrido daño miocárdico isquémico extenso
parecen ser más propensos a desarrollar insuficiencia cardíaca,
eventualmente como resultado de un proceso adverso de remodelación
del miocardio sano, relacionado con la terapia postinfarto (14,16-17).
Debido a que la causa subyacente es isquémica, se cree que la terapia
de revascularización juega un papel relevante en la lucha contra
el desarrollo de la insuficiencia cardíaca (18-19).
Tanto la cirugía de revascularización tradicional como la
percutánea se han utilizado en el tratamiento sintomático
de la enfermedad coronaria en varios países, con éxito tal
que se ha convertido en la terapia de elección en muchos de estos
casos.
En la actualidad, se ha incrementado en forma sustancial
el conocimiento relacionado con la neovascularización postisquémica,
a través del uso terapéutico de la angiogénesis y/o
la vasculogénesis (20-22).
Se trata principalmente de la estimulación del crecimiento del
endotelio sano remanente y directamente localizado cerca del área
isquémica, o del endotelio localizado en arterias adyacentes (23-24).
Recientemente ha surgido un interés especial por la posibilidad
de emplear células pluripotenciales y células progenitoras
endoteliales, lo cual ha supuesto un cambio revolucionario en la forma
de pensar respecto a la futura estrategia de tratamiento postinfarto (25,26).
Los estudios basados en este nuevo enfoque terapéutico se orientan
hacia la búsqueda de métodos que favorezcan el crecimiento
de nuevas arterias (neovascularización) y/o la regeneración
del endotelio dañado, de manera que se propicie una recuperación
postisquémica exitosa.
Importancia del estudio de la respuesta inmunológica en el
desarrollo de la enfermedad aterosclerótica cardiovascular
Descubrimientos recientes acerca de las bases patofisiológicas
de la enfermedad han cambiado radicalmente los conceptos tradicionales
acerca de la aterosclerosis. Sabemos ahora con bastante claridad que la
aterosclerosis es una enfermedad inflamatoria crónica y que el
sistema inmune juega un papel crucial, tanto en su iniciación como
en las complicaciones de las placas ateroscleróticas (27).
Ya a finales de los años ochenta y principio
de los noventa, se llegaron a identificar los elementos celulares de la
respuesta inmune innata que forman parte del proceso inflamatorio activo
dentro de las placas de ateroma (28-30).
Junto con la enorme acumulación de lipoproteínas de baja
densidad oxidadas (ox-LDL) coexisten células fagocíticas
como los macrófagos, encargados de la limpieza de estas
partículas de la pared vascular. Sin embargo, este sistema inespecífico
de protección contra la irritación oxidativa
no puede, de manera general, restablecer el balance hacia la regresión
del daño y termina siendo un factor importante de estimulación
del proceso inflamatorio crónico. Son estas células inflamatorias
las responsables de la acumulación continua de colesterol y de
la creciente rigidez de la placa, lo cual la hace más propensa
a la ruptura (27,31).
Sin embargo, a pesar de que estas observaciones parecían
proporcionar una explicación razonable a los mecanismos de desarrollo
de la aterosclerosis, nuevos descubrimientos publicados a principios de
la década pasada indicaron que los mecanismos involucrados en esta
enfermedad eran mucho más complicados. El hallazgo de que las placas
ateromatosas contenían linfocitos T activados fue el pilar de una
nueva era de las investigaciones relacionadas con esta enfermedad (32-33).
Todo parecía indicar que la parte del sistema inmune a cargo del
reconocimiento y acción específica contra los agentes foráneos
jugaba un papel importante en este tipo de inflamación.
En la última década, y principalmente
mediante el uso de modelos animales de aterosclerosis, se han discernido
los componentes básicos de esta respuesta específica y se
ha observado que tanto los antígenos foráneos, derivados
de bacterias y virus, como los antígenos propios las LDL
y las proteínas del shock térmico (HSP), entre
otros son capaces de estimular el desarrollo de la aterosclerosis
y sus complicaciones (34-35). Los
estudios de correlación clínica han jugado un papel importante,
pues han corroborado muchos de los hallazgos obtenidos a nivel experimental.
Estudios realizados utilizando animales de laboratorio
han demostrado que el desarrollo de la enfermedad es prácticamente
nulo en animales inmunodeprimidos, especialmente en aquellos en que los
linfocitos T están ausentes (36).
En una profundización de estos estudios se ha determinado que son
ciertas subpoblaciones de estos linfocitos (células T auxiliadoras
tipo 1 [Th1]) las responsables de la iniciación y el desarrollo
de la enfermedad, aunque su papel en la desestabilización de las
placas aún no se ha esclarecido. Por otra parte, se ha establecido
que los linfocitos Th2, los cuales normalmente promueven la respuesta
inmune mediada por anticuerpos, proporcionan protección contra
el desarrollo de la enfermedad (36-39).
Efectivamente, en animales carentes de células productoras de anticuerpos,
el desarrollo de las placas ateroscleróticas superaba en más
del 60% el detectado en los animales controles (40,
48). Otra observación importante se realizó utilizando
ratones knockout para los genes productores de citocinas producidas
por cada uno de estos grupos celulares. En animales carentes de receptores
para el interferón gamma (citocina proinflamatoria clave, derivada
de linfocitos Th1) o con defectos en la secreción del mismo, el
desarrollo de placas ateroscleróticas fue mínimo. Por otra
parte, en animales que no producían interleucina 10 (citocina secretada
por linfocitos Th2, con potente acción antiinflamatoria), el desarrollo
de la enfermedad era excesivo en comparación con los animales de
control (33,42-44). También
se observó que la simple vacunación pasiva con anticuerpos
policlonales o con antígenos específicos era capaz de impedir
el desarrollo de la aterosclerosis (37,45-47).
Todo esto apunta al papel crucial que el sistema inmunológico tiene
en la regulación del inicio y desarrollo de la enfermedad.
Por último, se ha demostrado recientemente que
la vacunación pasiva con el empleo de anticuerpos específicos
contra LDL, HSP y antígenos derivados de bacterias como el C.
pneumoniae, así como la inoculación directa de estos
antígenos, es capaz de evitar el desarrollo de la enfermedad en
modelos animales (48-50). Todo esto
ha generado gran entusiasmo en el terreno científico y ya, en estos
momentos, se dan los primeros pasos para la producción y evaluación
de una vacuna contra la aterosclerosis en humanos. Sin embargo, estos
esfuerzos deberán ir acompañados de estudios colaterales
para refinar la búsqueda de antígenos más efectivos
y/o de amplia eficacia en diferentes grupos poblacionales y para desarrollar
ensayos clínicos dirigidos a establecer la inmunogenicidad, la
farmacodinámica, la toxicidad y la tolerancia de los diferentes
candidatos a la vacunación. Se estima que la primera preparación
efectiva podrá estar disponible en el mercado para el año
2020.
Perspectivas inmediatas y futuras
De acuerdo con el estado actual de las investigaciones,
los blancos fundamentales de cualquier estrategia terapéutica inmunomoduladora
estarían encaminados a influenciar de manera positiva uno o más
de los siguientes parámetros ligados a la evolución de la
enfermedad aterosclerótica cardiovascular:
Detener el crecimiento de la placa aterosclerótica.
Inducir la regresión de la placa
aterosclerótica.
Estabilizar el crecimiento de la placa aterosclerótica.
Disminuir el proceso inflamatorio asociado
con el crecimiento de la placa aterosclerótica.
Algunos ejemplos de terapia inmunomoduladora que ya
se encuentran en práctica clínica directa o en fase de experimentación
son:
1. Terapia inmunosupresora: costicosteroides,
ciclosporina, sirolimus.
2. Inmunización (vacunación): activa
(LDL, ox-LDL, péptidos derivados de ox-LDL); pasiva (anticuerpos
contra LDL o contra péptidos sintéticos de la apoB-100).
3. Tolerización: manipulación de
la inmunidad de mucosas.
De manera especial los estudios de inmunización
se concentran en la actividad atero-protectora que proporciona el uso
de los siguientes antígenos:
1. LDL (lipoproteína de baja densidad).
2. HSP (proteínas de shock térmico).
3. CETP (proteína transportadora de ésteres
de colesterol).
Las siguientes formulaciones ya se encuentran en fases
avanzadas de ensayo clínico en Europa y los Estados Unidos:
1. Consorcio Europeo-Norteamericano, The
atherosclerosis vaccine initiative (LDL péptidos [Fase
I]).
2. Avant Immunotherapeutics, Inc. (USA) (Anticuerpos
bloqueadores de CETP [Fase II]).
3. BioInvent International AB (Sweden) (Anticuerpos
quiméricos contra LDL [Fase II]).
Sin embargo, la vacunación no es el único
camino efectivo del que se dispone para el tratamiento de la inflamación
ligada a la aterosclerosis. La inmunomodulación, mediante el uso
de compuestos derivados de estos estudios y directamente relacionados
con la evolución de la enfermedad (citocinas, factores de crecimiento
y desarrollo, etc.), también ofrece un campo enorme para el desarrollo
de terapias efectivas a mediano y largo plazo. Por otra parte, la inmunomodulación,
o el uso de otros medicamentos como las estatinas, podría utilizarse
de manera combinada y complementaria incrementando la eficacia de la vacunación.
Quedan aún por definir muchos factores e interrogantes, y existe
un campo lo suficientemente grande para el aporte de resultados de gran
impacto científico, económico y social en el tratamiento
de la aterosclerosis.
.
Figura
1.
Primeras demostraciones experimentales del papel del sistema inmune
en el establecimiento y desarrollo de la aterosclerosis.
(A) Ratones genéticamente manipulados inmunodeficientes (RAG-/-
o SCID) fueron apareados con ratones inmunocompetentes pero deficientes
para la producción de apolipoproteína E (apoE-/-) la
cual juega un papel fundamental en el transporte de colesterol y triglicéridos
en diferentes tejidos y células del cuerpo. Debido a esta mutación
los ratones apoE-/- manifiestan un incremento notable y constante
en los niveles plasmáticos de colesterol no afectados por la
edad o el sexo. El resultado de este apareamiento fue una descendencia
de ratones doble mutantes que desarrollaron menos aterosclerosis comparado
con el grupo control de ratones apoE-/- no apareados (51-52).
(B) Para demostrar si realmente era la ausencia de linfocitos T la
responsable de este efecto atero-protector, los científicos
aislaron y purificaron linfocitos T de ratones control apoE-/- y los
transfirieron a los ratones doble mutantes. El resultado fue un incremento
significativo del desarrollo de la aterosclerosis y un incremento
en la mortalidad de estos animales comparado con grupos de ratones
doble mutantes que no recibieron este tratamiento (52).
|
Figura
2.
Paradigma actual sobre el papel anti y proinflamatorio
de los dos grupos fundamentales de linfocitos T auxiliadores (T helper
[Th] cells en inglés).
Los linfocitos T auxiliadores se clasifican en Th1 y Th2 y derivan
de un ancestro común denominado Th0. Los linfocitos Th1 y Th2
se diferencian por el patrón de citocinas que secretan en respuesta
a la estimulación antigénica específica.
De manera general las citocinas derivadas de linfocitos Th1 facilitan
el proceso inflamatorio (mediante la secreción de citocinas
como el interferón gamma [IFNg] o la interleucina 2 [IL-2])
mientras que las derivadas de los linfocitos Th2 lo previenen o lo
limitan (mediante la producción de citocinas como la interleucina
10 [IL-10]). Es el balance adecuado de la función de estos
dos grupos celulares durante el desarrollo de la respuesta inmune
lo que garantiza la eliminación efectiva de las infecciones
microbianas y el restablecimiento de la homeostasis una vez eliminado
el agente infeccioso. La pérdida de este equilibrio, por múltiples
razones, favorece el desarrollo de procesos inflamatorios crónicos
como el que ocurre en la aterosclerosis.
|
Figura
3.
Demostración del papel fundamental de los linfocitos
Th1 y Th2 en el desarrollo o resolución del proceso inflamatorio
ligado a la aterosclerosis.
(A) Los primeros estudios mostraron una disminución significativa
en el desarrollo de la aterosclerosis en ratones doble mutantes para
la producción de IFNg (IFNg-/-; citocina proinflamatoria secretada
por linfocitos Th1) o para su receptor (rIFNg-/-, respectivamente)
y apoE-/- (53-54).
(B) El mismo efecto se pudo observar cuando ratones apoE-/- fueron
inyectados con anticuerpos que bloquean la acción de la interleucina
18 (IL-18), la cual promueve la producción y secreción
de otras interleucinas proinflamatorias derivadas de linfocitos Th1,
como la interleucina 12 (IL-12) (55-56).
(C) Sin embargo, la deficiencia en la producción de interleucina
10 (IL-10 [interleucina de un potente efecto antiinflamatorio]) en
ratones apoE-/- incrementó sustancialmente el desarrollo de
la enfermedad en estos animales (55-56).
La conclusión derivada de estos experimentos fue que los linfocitos
Th1 favorecen el desarrollo de la aterosclerosis mientras
que los Th2 la previenen.
|
Figura
4.
Un ejemplo del papel
protector que puede jugar la terapia genética con citocinas
antiinflamatorias en la prevención del desarrollo de la aterosclerosis.
Nuestro
laboratorio ha realizado experimentos conjuntos con el Bristol Heart
Institute para el desarrollo de adenovirus atenuados que contienen
el gen de la IL-10 humana (Adv-10). Cuando estos Adv-10 son inyectados
en ratones apoE-/-,
la secreción artificial de IL-10, principalmente por células
del hígado, es capaz de proteger a estos ratones contra el
inicio y desarrollo de la aterosclerosis. Las fotografías muestran
secciones de tejidos tomadas de las arterias braqueocefálicas
de ratones apoE-/- después de 4 y 8 semanas de iniciado el
tratamiento con Adv-10.
|
Figura
5.
Demostración
del papel atero-protector que proporciona la inmunidad humoral.
(A) La inyección de un pool de inmunoglobulinas policlonales
es capaz de proteger contra el desarrollo de la aterosclerosis en
ratones apoE-/- (37,57).
(B) La transferencia adoptiva de linfocitos B purificados de ratones
apoE-/- jóvenes a ratones apoE-/- irradiados también
es capaz de proteger contra el desarrollo de la aterosclerosis. Existen
evidencias de que este efecto puede estar ligado a la producción
de anticuerpos específicos contra antígenos pro-ateroscleróticos
como la ox-LDL (58).
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Revista Argentina de Cirugía Cardiovascular
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